La soberanía digital ha llegado a ser uno de los conceptos más destacados —y debatidos— que definen cómo los países de ingreso bajo y mediano se enfrentan a un mundo cada vez más impulsado por la IA. En el centro de este debate hay una realidad concreta: la infraestructura y los sistemas que sustentan sus economías digitales son con frecuencia construidos, poseídos u operados por actores que no controlan ni regulan plenamente. A medida que la IA transforma la manera en que los países prestan servicios, la cuestión de cómo gestionar estos vínculos nunca ha sido tan importante.
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