Un análisis de LA NACION advierte que la inteligencia artificial golpea el mercado laboral argentino con efectos inciertos pero inevitables. Según el último informe del Ministerio de Trabajo (2023), el 54% del empleo formal privado (unos 3,01 millones de puestos) está en ocupaciones donde al menos la mitad de las tareas podrían ser ejecutadas por IA generativa. La CGT y la UIA ya estudian el tema: un informe de Accenture señala que la IA podría elevar la productividad laboral en 1,2 puntos anuales y transformar hasta el 38% del tiempo de trabajo en fábricas, pero solo una de cada tres empresas industriales invierte en IA.
Los sectores más expuestos son administración pública, finanzas, servicios profesionales y comercio, mientras entretenimiento, construcción y servicio doméstico están menos amenazados. El impacto es mayor en el conurbano bonaerense y en los “toderos” (trabajadores que hacen de todo), que representan entre el 50% y 60% del empleo. La informalidad y el cuentapropismo pueden amortiguar el desempleo pero profundizar la precarización. El Gobierno mantiene una mirada tecno-optimista y no ha avanzado en políticas públicas específicas. Los expertos advierten que la Argentina puede quedar rezagada si no aborda proactivamente la transformación.


