Un artículo de Forbes destaca la creciente tendencia de los ejecutivos a adoptar el modelo del “atleta ejecutivo”, profesional que sostiene un alto desempeño mediante la gestión del rendimiento y la recuperación. La comparación con los atletas ganó relevancia porque los líderes enfrentan exigencias físicas, cognitivas y emocionales similares: presión constante, viajes, toma de decisiones críticas y escrutinio público.
El liderazgo moderno elevó las exigencias: un CEO puede pasar de presentar resultados a responder un conflicto geopolítico y resolver problemas de talento en una misma semana. Esta carga puede llevar al burnout. Por eso, los ejecutivos miden indicadores biológicos como la capacidad cardiorrespiratoria (VO2 máx.), la composición corporal, la calidad del sueño y la salud metabólica.
La fisiología influye en cómo piensan, rinden y se comunican. El artículo sostiene que la capacidad (recursos mentales, emocionales y físicos) determina cuánta presión puede soportar un líder antes de que su rendimiento decaiga. Un líder con mayor capacidad tendrá una ventaja.
Actuar como un atleta ejecutivo permite medir, entrenar y preservar esa capacidad, beneficiando a toda la organización. La salud ejecutiva se convierte así en un tema de liderazgo y de valor empresarial.


